Marley estaba muerto, dicho sea para empezar. Sobre esto no podía haber duda de ninguna clase. El registro de su defunción fue firmado por el capellán, el escribano, el director de la funeraria y el encargado del cementerio. Scrooge también lo firmó. Y el nombre de Scrooge era digno de crédito en cualquier documento en que se viera estampado.
El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta, como se dice vulgarmente.
¡Que se pueda decir esto con razón de nosotros, de todos nosotros! Y también, como el pequeño Tim decía, ¡que Dios nos bendiga a todos y cada uno de nosotros!
(Charles Dickens)
PD: Si Dickens hubiese sido algo más cofrade nos hubiese dejado un Cuento de Cuaresma.